lobo-wall-street

El director Martin Scorsese hizo un excelente trabajo con su última película llamada “El Lobo de Wall Street” donde el actor Leonardo DiCaprio interpreta el rol del ex corredor de bolsa Jordan Belfort. Se trata de una historia real que relata la atrapante vida de Belfort, que paso de una aburrida vida en el Bronx en Nueva York, a ser un multimillonario rodeado de modelos y costosos barcos.

En “El Lobo de Wall Street” conocemos cómo hizo Belfort para construir su fortuna. Su receta para la fortuna mezclo dos ingredientes infalibles: por un lado una habilidad para la venta sobresaliente. Belfort podía venderle un buzón a cualquiera. Y por otro lado muy pocos escrúpulos para crear productos financieros donde el más beneficiado era el. Su enorme capacidad de venta se apalancaba en las enormes ganancias que obtenía de las inversiones que vendía.

Pero en el camino de su fortuna Belfort estafó a muchos de sus clientes por montos que superaron los 200 millones de dólares. Por ello, el FBI lo enjuició y lo metió preso por 22 meses.  La lujuriosa vida de Belfort que incluía fiestas, drogas, mujeres, costosos autos, casas y barcos, terminaba mal.

Como toda buena película uno va pasando por varios estados de animo. Le confieso que al principio de la película miraba a Belfort con cierta envidia. Es que se trata de un sujeto que uno lo ve y lo atrae. Hace mil cosas al mismo tiempo, compra y vende acciones a la velocidad de la luz, es un seductor nato, “sabe” vivir la vida, hace millones y se divierte. ¿A quien no le seduce ese estilo de vida a primera vista?

Pero a medida que iba avanzando la película esa emoción cambiaba drásticamente y se iba convirtiendo en una especie de lástima. Una miraba los efectos de los excesos de Belfort y comenzaba a darse cuenta de algo obvio, pero que la genialidad de la película lo hacía olvidar, que todos los excesos luego pasan sus facturas. La vida de Belfort que combinaba muchas horas de trabajo muy intenso, mujeres, drogas y fiestas no puede durar mucho.

Tampoco su éxito laboral podía durar mucho. Vender muy agresivamente y por mucho tiempo productos financieros que no sirven para nada a sus compradores, tampoco es un negocio que se pueda sostener durante mucho tiempo.

En conclusión, la vida de Belfort no tenía consistencia. La vida del “exitoso” corredor de bolsa era una estructura hueca, un castillo de naipes que podía caer en cualquier momento. Y allí es cuando uno empieza a sentir lastima por Belfort, lástima por el dolor que causo a sus victimas y lástima por el dolor que se causo a si mismo y a su familia.

Ahora, ¿Por qué le digo en el título de esta columna que todos tenemos un “lobo” dentro?

Bueno, porque todos estamos tentados a copiar a Belfort cuando se trata de manejar nuestras finanzas personales. Pensamos que tenemos que “hacer muchas cosas”. Movernos mucho. Comprar y vender. Gritar, pelearnos, buscar la “perlita”, la inversión del momento. Mucha energía, mucha adrenalina.

Pero la realidad, es que la actitud del lobo no funciona en el mundo de las finanzas personales. De echo, lo que funciona es la actitud opuesta. Debemos armar un plan, llevarlo a cabo con tranquilidad, sin prisa pero sin pausa, y tener mucha perseverancia y constancia.

Si ya se, seguramente lo esté desilusionando. Sería mucho más divertido actuar como el lobo interpretado por DiCaprio. Lo sé, lamento mucho darle esta noticia…, pero nuestra misión no es entretenerlo, sino ayudarlo a que logre sus objetivos financieros a largo plazo.

No se pierda la película si aún no la vio. Pero no se deje seducir fácilmente y no olvide que dejar al lobo que todos tenemos dentro para otro aspecto de su vida puede ser una buena idea. A la hora de manejar sus finanzas personales, ser aburrido es mejor negocio.

Comentarios

Federico nació en Buenos Aires, Argentina el 25 de septiembre de 1975. Desde chico estuvo relacionado con el mundo de los negocios gracias a la influencia de su inquieto y emprendedor padre.

Tal vez te interese

Shares