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En el mundo de la economía hay muchas trampas, pero ésta puede poner en juego el futuro del país y está relacionada con las consecuencias secundarias de las medidas económicas. Pueden ser olvidadas o escondidas, pero terminan siendo determinantes.

Estaba leyendo la excelente entrevista que el diario El Mercurio le realizó al historiador británico Niall Ferguson el domingo pasado y no pude dejar de pensar en esta trampa que están afrontando los chilenos. Se trata de una trampa que los líderes populistas conocen muy bien.

Es que el tema es bastante simple, ellos saben que muchas de sus medidas tienen dos efectos principales: uno positivo e inmediato que le genera votos y uno negativo, pero de largo plazo, que perjudica a la economía de un país y en consecuencia le podría restar votos a largo plazo. Los incentivos del sistema político son claros: al político le conviene aplicar este tipo de medidas, esto les permite ganar votos y poder sin importar qué pase a largo plazo.

Total, cuando se note el problema ellos ya no estarán más o intentarán buscar un responsable externo a quien culpar…

Ante este contexto me preguntaba, ¿puede el nuevo gobierno de Michelle Bachelet estar llevando a los chilenos a una trampa similar? ¿Pueden los chilenos estar siendo seducidos por las consecuencias de corto plazo y olvidando la trampa de largo plazo?

En una parte del reportaje al genial Ferguson, que estará visitando Santiago de Chile la semana que viene, el historiador dice lo siguiente:

“Hay que reconocer que si reducir las desigualdades se convierte en el principal objetivo del gobierno, puede tener consecuencias negativas no deseadas. Tocqueville entendió esto mucho tiempo atrás. Hay un trueque entre igualdad y libertad. El argumento de Tocqueville era que los franceses siempre le daban prioridad a la igualdad a expensas de la libertad y que había que aprender de los norteamericanos a favorecer la libertad en lugar de la igualdad. Ese argumento aún sigue muy válido. El segundo punto es que si uno cambia el sistema tributario, si uno vulnera los derechos de propiedad en aras de la igualdad, las consecuencias no deseadas pueden ser muy negativas”.

Como ve, no estamos ante una encrucijada nueva, el tema lleva siglos de análisis. Pero vamos a un ejemplo más concreto para terminar de entender la idea.

Supongamos que el gobierno de Bachelet quiere atacar la desigualdad subiendo el impuesto a las empresas. La idea es que con ese dinero extra que se le saca a las empresas se pueda gastar más en educación gratuita, por ejemplo, para intentar disminuir la desigualdad. Supongamos por un momento que ese objetivo se cumple, es decir, que los funcionarios tienen la capacidad para invertir bien ese dinero (no siempre ocurre…) y que la desigualdad disminuye gracias a una educación de mayor calidad y alcance.

Ahora, ésa es la consecuencia primera. ¿Pero qué pasa con las consecuencias segundas de esta medicina que implicó la suba de impuestos?

¿Qué pasa si, por ejemplo, los empresarios y emprendedores disminuyen la inversión en sus empresas, si los empresarios extranjeros dejan de ir a Chile a invertir, y esto genera menos empresas, menos empleos, menos progreso? ¿Mejoró la situación si tomamos en cuenta las consecuencias primarias y secundarias?

Es probable que no. Es probable que aumentar impuestos, aumentar el control al libre comercio termine provocando peores resultados que los que uno busca. Es probable que la medida traiga votos al político de turno, pero que en el mediano plazo la medida traiga más problemas que soluciones.

Entonces, si este camino no es el adecuado, ¿cómo podemos resolver la desigualdad en Chile? Por supuesto que estamos ante un problema complejo, no sólo en Chile, sino también en todo el mundo. Pero Chile tiene una gran ventaja versus muchos otros países del mundo. Tiene un largo camino recorrido, un largo camino que brindó resultados concretos y visibles. Chile es un país envidiado a nivel mundial, imitado y analizado.

Por ello, ¿qué pasa si se piensa diferente a la idea que parece tener consenso hoy entre la mayoría de las fuerzas políticas de Chile? ¿Qué pasa si se piensa en incrementar la dosis de la “medicina” que Chile viene tomando desde hace décadas para crecer y disminuir la pobreza?

¿Qué pasa si en vez de menos libertad, se busca más libertad? ¿Qué pasa si se determina que armar y hacer crecer empresas en Chile sea no sólo es cada vez más fácil sino también cada vez más barato? ¿Qué pasa si Chile sigue seduciendo al mundo por convertirse en un “bálsamo de libertad” en un mundo donde la libertad es cada vez menor?

Sí, ya sé, usted me va a decir que esto implicará que unos pocos sigan enriqueciéndose mientras que la mayoría seguirá al margen de este crecimiento. Supongamos que eso es cierto y que ésa es la consecuencia primaria de una medida como esta. Pero, ¿qué pasa con las consecuencias secundarias? Qué pasa si estas consecuencias secundarias implican que se crea más empleo y producción. ¿Esto no ayudará a resolver la desigualdad?

Es cierto que este proceso de “convergencia”, un concepto que Ferguson aborda en profundidad en su libro “Civilización”, se puede estar dando en forma muy lenta o errática. Entonces, si esto es así, ¿porque no incrementamos la dosis de esta “medicina” para hacerlo más veloz? ¿Por qué entonces el gobierno chileno no se focaliza en incrementar la competencia y reducir el poder de los monopolios?

Porque, ¿sabe usted cuándo se dan ganancias extraordinarias en una economía?

Existen principalmente dos posibilidades: o el empresario creó un producto tan innovador que revoluciono el mercado global (un Bill Gates con Microsoft, por ejemplo) o el empresario se las arregló para hacerce amigo del poder y obtener privilegios que le permitieron operar en un monopolio o en un cuasi monopolio.

Y este contexto, ¿no tiene més sentido atacar los monopolios y los privilegios que instauran los políticos en vez de atacar a los empresarios que generan empleos?

A veces mejorar la estrategia que dio un buen resultado puede ser una mejor idea que cambiar de estrategia radicalmente. Aun cuando el cambio de estrategia tenga la ventaja de brindar consecuencias primarias positivas. La clave está en no olvidar la trampa de las consecuencias secundarias.

Federico nació en Buenos Aires, Argentina el 25 de septiembre de 1975. Desde chico estuvo relacionado con el mundo de los negocios gracias a la influencia de su inquieto y emprendedor padre.
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